“Nunca te pasará nada”
Tenía unos 8 años, pero aún recuerdo como olías, era algo así
como a leche y peluche, indescriptible del todo, pero era tu olor, el que se me
quedaba cuando te abrazaba; supongo que provenía de esas mezclas de papillas
que te hacia papi para comer .Eras como un juguete nuevo, tan carbón, tan Mina.
Bonita, frágil y juguetona. Descansabas
en una cajita grande, con mucho papel de periódico. Lo llenabas todo de
alegría, corriendo alrededor de la mesa para alcanzar a Manu ante el salvaje
grito de “partida” o asustándote con el ruido de las bolsas plásticas.
Mordías todo lo que se te topaba
por delante, mami decía a cada rato que no dejáramos nada en el suelo, pero nuestro
muñeco preferido, ese con cabeza de goma, fue mutilado y allí se guarda la
prueba de tu crimen (tus dientes quedarán marcados en él para siempre jajaja);
nos molestó en su momento, pero después pudimos crear miles de historias
diferentes con él, lo hiciste aún más especial.
Fuiste creciendo, es lo normal,
creciste junto a mí, junto a nosotros. Con tu colita rizada eras la perrita más
mona, por mucho que algunas personas se asustaran al verte. Tus ojos sufrieron
mucho al venir a Tenerife, la presión los estropeó más de lo que estaban, pero
NADA pudo con tu mirada, noble y hermosa, tu expresión adorable.
Recuerdo aquel día en el que
estaba tan estresada y no parabas de ladrarme, mis nervios me hicieron alzarte
la voz pero al ver cómo te acostaste sola en el salón como una niña castigada
caí a llorar a tu lado pidiéndote perdón; recuerdo ese susto por el que tuvimos
que ir muy de noche al veterinario, ese día nació nuestro “Nunca te pasará nada”…
Serías eterna.
Te acostabas entre mis piernas
cruzadas y te dormías en ellas; de cachorrita te sobraba mucho espacio… con los
años sobresalías por todos lados, las patitas colgaban, dejabas tu lengua color
rosa fuera y me dejabas toda llena de pelos, nada que una ducha no quitase…
Seguro sabías de historia,
química y con el transcurso del tiempo, de psicología social y hasta
fundamentos de metodología II, pues me acompañabas cada segundo, nunca me
dejaste sola.
Tan golosa, pidiendo comía cuando
intuías que la había, llegabas hasta a aullar, ese aullido que te servía para
demostrar alegría, tristeza o hambre.
Estabas mayor, tu barba era
blanca al igual que el comienzo de tus patitas, te tropezabas con los muebles (hasta
que aprendías la disposición de las cosas). Tus cambios iban anunciándonos cosas
que me negaba a ver. “Nunca te pasará nada… ¿verdad?” A ti eso no te impidió aventurarte
y escapar un día jajaja, gracias por haber vuelto.
Recibiste mi beso de 2014, mis
abrazos de año nuevo y despedida antes de venir a Tenerife dejándote en Madrid
; pero nunca será suficiente, sigo negándome a no verte más, a que no te
arrecuestes en tu colchoncito, que no estés debajo de la mesa a la hora de
almorzar…
Hoy, 21 de febrero de 2014, puedo
recordar tu olor, sé que lo haré siempre…. Porque para mi permanecerás aquí…
GRACIAS por ser mi fiel compañera. Te quiero, eternamente, porque al fin y al
cabo, prometí que nunca te pasaría nada… y aquí estarás conmigo.
Gracias Mina, por todo y más.


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